Carmesí
El bar “Dark Blood” era bien conocido en los pueblos aledaños a él y no por el hecho de que estuviera en medio de ellos, ni tampoco por tener más de 100 años de antigüedad, si no porque en él iban a divertirse todos los ladrones, asesinos y demás escoria de la sociedad que había en aquel país, los cuales firmaron un acuerdo para no pelearse entre ellos dentro del bar y así conservarla por muchos años más.
La gente de aquellos pueblos tenía miedo de acercarse a ese lugar y no era para menos, hubo algunos tontos que se acercaron demasiado -solo para probar su valentía o por que se habían perdido- y terminaron siendo asesinados cruelmente.
Las únicas personas ajenas que podían acercarse a ese lugar e incluso entrar, eran quienes iban ahí a contratar los servicios de alguno de ellos. Y el hombre que se dirigía hacia allá lo sabia pero aun así no podía sentir miedo, sentía escalofríos en todo su cuerpo.
Para colmo la senda por la que caminaba estaba hundida en la oscuridad ya que los árboles eran tan altos y frondosos que tapaban la luz de la luna y eso le causaba más temor, se encontraba en estado de permanente alerta, pues en cualquier momento alguno de aquellos asesinos podía aparecer para robarle su dinero y luego matarlo.
Ese lugar era como la boca del lobo.
No debí haber aceptado venir aquí aunque el dinero que me dio bien vale la pena.
En aquel momento pudo escuchar a lo lejos música y risas, ya se encontraba cerca del bar y eso lo alegró; pronto podría encontrar a esa persona y luego largarse muy lejos con el dinero.
Muy pronto alcanzó a divisar el bar, una cabaña bastante grande de dos pisos, al frente de ella se encontraban varios caballos descansando en espera de que sus dueños salieran de ahí.
Espero que este Carmesí ahora, si no, soy hombre muerto.
Soltó un pequeño suspiro antes de entrar.
En cuanto entro vio como las risas pararon y en su lugar empezaron los murmullos, el hombre tragó saliva mientras empezó a caminar y mirar a su alrededor en busca de Carmesí.
Sentía las miradas de todos los presentes fijas sobre él, pensó que alguno de ellos se iba a abalanzar sobre él y llegaría su fin. Entonces noto que alguien no lo miraba, era una chica joven que encajaba perfecto con la descripción de Carmesí.
Una joven de entre 20 y 25 años, cabello largo y ondulado de color castaño claro, esbelta, vestida con una gabardina azul oscuro y bebiendo vino tinto… no le cabía duda, era ella y su temor desapareció de inmediato.
Se acercó a ella rápidamente, ignorando a los demás pero antes de que él pudiera hablar ella volteó y le dijo:
- ¿A quién quieres que mate y cuanto vas a pagarme? - su voz era suave, apacible, pero también solemne, incluso sensual. – Vamos, dilo de una vez, no tengo tiempo.
Rápidamente sacó un pergamino y se lo entregó, sus gélidos y profundos ojos verdes lo habían fulminado en un segundo. También puso una bolsa al lado de su copa.
Al ver el pergamino ella soltó una sonrisa maliciosa y luego abrió la bolsa, en la cual venían varias decenas de monedas de oro, la paga era muy buena, sus ojos brillaron ante aquella propuesta tan interesante.
- Esto es muy interesante – dijo Carmesí mientras dirigía su mirada al extraño hombre – Mañana mismo estará tu encargo.
Guardó el pergamino, tomó la bolsa con monedas de oro y salió del bar con una amplia sonrisa en su rostro.
Esto va a ser lo más divertido que he hecho hasta ahora.